Se realizó el «escuchatorio» sobre violencia y redes junto al psicólogo Roberto Balaguer

El pasado viernes 2 de octubre a las 17 h, en el salón 318 de la Facultad de Artes, se llevó a cabo una jornada de intercambio orientada a analizar el impacto de las tecnologías digitales y las redes sociales en la convivencia institucional, los vínculos interpersonales y los procesos educativos.

Un «escuchatorio» para interpelar la presencialidad

La actividad fue concebida no como un conversatorio tradicional, sino bajo el concepto de «escuchatorio», una propuesta en ronda que buscó priorizar el diálogo horizontal y la escucha activa entre docentes, estudiantes y el expositor, el psicólogo y profesor Roberto Balaguer.

Desde el inicio de la jornada, la baja concurrencia registrada abrió un primer eje de análisis. La presencia de solo dos estudiantes dentro de una comunidad universitaria de alrededor de 3.000 alumnos fue tomada por la comunidad presente como un símbolo sintomático de la realidad actual. Entre las hipótesis planteadas por los asistentes se destacaron la evasión de temas complejos o de alta conflictividad social, la sobreoferta de información en dispositivos móviles y la dificultad generalizada para sostener el compromiso presencial e involucrarse colectivamente.

Dos realidades en competencia y la evolución algorítmica

Durante la exposición, Balaguer explicó que actualmente coexisten dos dimensiones que compiten de manera constante: la material y la virtual. En esta disputa, la presencialidad viene perdiendo espacio, aun cuando los efectos del entorno digital se sienten de forma directa sobre la corporalidad y el bienestar emocional.

«Las dos realidades son reales, solo que una es material y la otra es virtual. Pero la virtualidad tiene sus efectos en la materialidad: cuando aparecemos con nuestra cara y nuestro nombre en un post de Facebook, Instagram o TikTok, lo que dicen de nosotros nos afecta igual o más que si sucediera cara a cara».

Para comprender este escenario, el especialista repasó las tres etapas del desarrollo digital:

  1. Los albores de internet: Un período centrado en comunidades de interés y la libre exploración de identidades bajo el anonimato.
  2. El auge de redes como Facebook: La fusión entre la identidad real y la virtual, que obligó a los usuarios a gestionar cuidadosamente su reputación digital.
  3. El modelo algorítmico (desde 2012-2013): Dominado por la captura de atención, la retención y la búsqueda de engagement mediante la sobreexposición a contenidos negativos.

Según Balaguer, las plataformas explotan una función atávica de la biología humana orientada a atender amenazas para sobrevivir. Esto instala a los usuarios en un «modo supervivencia» en contraposición a un «modo convivencia».

«El modo supervivencia es ‘te pego antes que me pegues, te mato antes que me mates’. Eso es antagónico con cualquier tipo de reflexión, de conversatorio o escuchatorio. En el modo supervivencia es muy difícil tener empatía porque estás tratando de sobrevivir a costa de lo que venga».

Ciberbullying, conformidad social y deshumanización

El intercambio profundizó en el deterioro de la autorregulación emocional en plataformas de mensajería y redes. Balaguer advirtió sobre la amplificación de las audiencias virtuales, señalando que ser víctima de acoso digital aumenta en un 100% la probabilidad de realizar un intento de autoeliminación. Asimismo, explicó cómo la red empuja a la acción impulsiva e inmediata antes que a la reflexión:

«La red te convierte en un idiota de la acción. Las redes no nos invitan a la regulación emocional, nos invitan a la acción, a generar engagement y contenido que llame la atención a cualquier precio».

En el ámbito universitario, el profesional expuso la disociación que ocurre cuando conflictos originados en redes derivan en situaciones donde los involucrados «fingen demencia» en el trato cara a cara mientras continúan la agresión en el plano digital, cosificando y deshumanizando a la otra persona.

El blindaje institucional y los procesos de creación artística

Frente a la pregunta sobre cómo proteger a las comunidades educativas del entorno digital, Balaguer propuso la noción de «blindaje institucional». La estrategia principal no reside en parches tecnológicos, sino en fortalecer los vínculos reales e interpersonales.

«La forma privilegiada para blindarnos es fortalecer los vínculos reales. Como decía Darwin: ‘trato de no conocer a la gente, porque si la conociera me daría lástima decir las cosas que digo’. Conocer al otro en persona nos abstiene de agredirlo».

En el campo específico de las disciplinas artísticas, se remarcó que el estado de alerta continuo eleva la adrenalina y el cortisol, interrumpiendo la concentración y bloqueando los procesos inmersivos necesarios para la creación:

«Los procesos de ustedes como artistas son procesos inmersivos: tienen que estar completamente metidos en la obra o en la interpretación. Estudiar o crear en estado de alerta permanente por el ruido digital es insalubre y corta el proceso creativo».

Por último, respecto al rol docente y la tentación de competir contra las pantallas entreteniendo constantemente al estudiantado, el especialista enfatizó la importancia de preservar los ritmos propios del aula:

«Pretender que no nos distraigamos con los celulares compitiendo contra algoritmos es una utopía. Pero si el docente se pone en payaso, se desalinea consigo mismo y con la esencia de la educación. El valor de la presencialidad radica en que acá hay tiempos, espacios, pausas y silencios que son profundamente formativos».

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