A través del Programa 720 – Contrapartida de Convenios de la Universidad de la República (Udelar), Nicolás Pérez, docente del Área de Artes Gráficas de la Facultad de Artes realizó una estancia académica de diez días en la Universidad de las Artes del Instituto Cultural de Aguascalientes (Uartes/ICA), en México. La experiencia profundizó el vínculo de intercambio que se consolida año a año con esa institución, fortaleciendo el convenio firmado en 2022.
Con esa excusa, conversamos con el docente Nicolás Pérez sobre su experiencia de intercambio, las metodologías de creación colectiva y experimentación en el grabado y la recepción de las y los estudiantes mexicanos.

¿Cómo surgió la oportunidad de realizar este intercambio en la Universidad de las Artes de Aguascalientes y qué te motivó a postularte a través del Programa 720 de Udelar?
Este intercambio no surge con mi viaje de ahora; es un proceso en el que venimos trabajando desde hace un tiempo entre el Área de Artes Gráficas y el Taller Nacional de Grabado de la Universidad de las Artes. Todo empezó cuando Sergio [González Correa] viajó para allá, al menos en lo relativo a Artes Gráficas. Luego nos visitó la Maestra Yasmín [Dzoara] y, desde el año 2024, creamos el intercambio de estampas «Correo Postal».
Esta iniciativa consiste en la realización de obras gráficas abordando las técnicas como medio expresivo y comunicativo bajo un marco temático que definimos año a año, trabajando tanto nuestros estudiantes y docentes como los de allá. Ellos envían sus producciones y nosotros las nuestras. Por eso, creo que la oportunidad de viajar es una constante gracias al diálogo que mantenemos con los compañeros de Aguascalientes; esta vez me tocó a mí, pero podría haber ido cualquiera de nosotros del Área. También es importante mencionar que Ruth López, como coordinadora del Área, insistía en que debíamos aprovechar estas invitaciones y hacer uso de ese programa y convenio.
Por otro lado, México es cuna y referencia del grabado latinoamericano. Además, allí trabajan la litografía en mármol mexicano —un desarrollo impulsado por el artista sueco Per Anderson—, mientras que nosotros trabajamos la litografía en piedra alemana. Tenía mucho interés en aprender esas técnicas e investigaciones propias del lugar.


¿Qué es lo que más destacarías de esa experiencia?
Antes que nada, la amabilidad de la gente, tanto en la Universidad como en la calle; la paciencia para explicar cosas cotidianas, desde qué es determinada comida hasta dónde queda una calle.
En el plano académico, destaco la enorme disponibilidad técnica, estética y pedagógica de los Maestros del Taller de Gráfica Nacional. Tienen horas asignadas a la producción artística, creación de carpetas y elaboración propia para luego compartir con los estudiantes. Es notable ver que no se guardan nada: analizan los procedimientos técnicos y estéticos con un profundo interés profesional hacia el estudiante. Y, en ese mismo sentido, resalto la necesidad y el compromiso del estudiante por el aprendizaje, involucrándose de lleno en la experiencia y los trayectos.
¿Cuál creés que es el aporte de la Facultad de Artes en este contexto?
En Aguascalientes el trabajo es muy individualizado. Las premisas y trayectos son como en cualquier servicio universitario, pero cada estudiante se enfoca en su propio proyecto. Creo que la propuesta que llevé para trabajar con ellos rompía un poco esos esquemas. Por ejemplo, nunca habían hecho contactografía, ni se les había ocurrido alterar el orden tradicional de los materiales de grabado para generar algo nuevo.
Si bien conocían el concepto de arte expandido, la fuerte profesionalización a la que apuntan a veces limita ciertas experiencias, sobre todo aquellas que conducen más a lo colectivo que a lo individual para abordar cuestiones sociales o territoriales.


¿De qué se trató esta propuesta y cómo viviste la experiencia de dar talleres con otra población estudiantil?
Mi propuesta apuntaba a la experiencia de la contactografía como técnica a desarrollar. Tras una primera fase individual de búsqueda de texturas, materias vivas y matrices alternativas, la idea era pasar al trabajo en grupo: elegir una temática social de su interés y traducirla a la contactografía y al collage para generar imágenes de gran formato, tipo instalación o lo que prefirieran, creando un diálogo entre la técnica y la temática.
Los estudiantes estuvieron sumamente dispuestos al trabajo y a la exploración. Ellos mismos mencionaban que este tipo de dinámicas los sacaba de su zona de confort: pasar de una matriz tradicional e individual a tener que probar, ensuciarse, equivocarse y luego dialogar con un otro para lograr acuerdos. Esas son, a mi entender, de las cosas más interesantes de trabajar con estudiantes, sean de donde sean.
Por otro lado, me impactaron mucho las temáticas elegidas por ellos. En un contexto muy distinto al nuestro, abordaron problemáticas duras como la desaparición de personas por el narcotráfico o las fosas comunes de niños; realidades muy complejas que nosotros generalmente solo vemos en películas o series.
¿Qué reflexiones finales te deja esta vivencia para la enseñanza de las Artes Gráficas?
Aún estoy acomodando varias reflexiones, pero creo que es muy destacable la orientación hacia la profesionalización que tiene la carrera allá, buscando que el estudiante logre una inserción laboral real en el mercado del arte.
Sin embargo, me reafirma en la validez de nuestra metodología de enseñanza en Udelar: una enseñanza activa y experimental donde la estética y la técnica son recorridos propios del estudiante, y donde como docentes acompañamos ese proceso creativo. Eso enriquece la heterogeneidad de miradas estéticas y decisiones técnicas.
Como síntesis, destacaría la importancia de la técnica bien resuelta que vi en Aguascalientes. Sin perder la posibilidad experimental por parte del estudiante, el dominio de la técnica es fundamental para que el proceso creativo sea integral. Destinar horas de trabajo al área técnica junto al abordaje estético es lo que permite brindar una formación completa para el momento en que egresan de la facultad.


Imágenes: gentileza del docente
Programa 720 – Contrapartida de Convenios
El Programa 720 – Contrapartida de Convenios es una herramienta de la Udelar que permite la movilidad de docentes y de funcionarios/as técnicos, administrativos y de servicios, hacia instituciones de educación superior con las que existen acuerdos vigentes. Actualmente, y hasta el 23 de noviembre de 2026, se encuentra abierta la convocatoria para movilidades que se realicen entre el 1° de enero y el 30 de junio de 2027.
